La noticia espantó al mundo hace unas semanas. Dos gays de Malawi habían sido condenados a 14 años de cárcel y a trabajos forzados simplemente por su orientación sexual. Y tras conocerse la sentencia, ong’s de derechos humanos, organizaciones LGBT, gobiernos e instituciones internacionales se quejaron ante el gobierno de Malawi, y entre todos lograron que el presidente del país indultara a la pareja, aunque fuera a regañadientes.
Muchos se preguntaban entonces que pasaría con la pareja una vez puestos en libertad, dado el ambiente homófobo que reina en todo el país. Pues bien, ya hay noticias de Steven Monjeza y Tiwonge Chimbalanga, que así es como se llaman estos dos hombres. La pareja se ha separado, y uno de los gays sale con una chica.
Y si esto os ha llamado la atención, agarraros porque hay curva. Monjeza no sólo está saliendo con una mujer, sino que además ha afirmado que fue obligado por su entonces novio a mantener una relación homosexual. ¿Cambio de preferencias sexuales, o simple y llanamente miedo al entorno que le rodea?
Yo, sin dudarlo, apuesto por la segunda opción. La historia, contada así, y tal y como la he visto en algunos sitios, es una historia nauseabunda. Pero que al menos para mí, puede llegar a ser comprensible.
¿Cuántos mantendríamos la compostura si después de estar detenido desde el mes de diciembre, sufrir un juicio sin garantías y estar a punto de pasar 14 años de cárcel y trabajos forzados, sales a la calle casi por un milagro y cuando llegas a tu pueblo, te dicen las autoridades locales que si sigues con tu novio, tus homosexuales huesos acabarán nuevamente en la cárcel, y entonoces ni el mismísimo Obama podrá salvarte?
¿Cuánto miedo tiene que tener metido en el cuerpo un ser humano para renegar de la persona a la que quieres, con la que has pasado medio año en prisión, y acusarle de abusar de tí?
Sinceramente, es para pensarse si decides apostar por la persona a la que amas y por tu propia sexualidad, o si decides simplemente, vivir sin problemas. Algo que no es poco en un país como Malawi. Probablemente, desde nuestras acomodadas vidas occidentales, muchos dirán que sí, que ante todo, está el amor y el orgullo de ser gay. Sin duda, es muy fácil ser gay en Chueca, o en San Francisco, o en París.
Pero viviendo en un país como Malawi, sin derechos, y con la amenaza de volver a la cárcel en menos que canta un gallo, es como para meditar seriamente la vuelta al armario pasito a pasito y sin que se note, renegando de lo que un día fue tu vida.
En este sentido, Peter Tatchell, un abogado de derechos humanos que ha estado luchando por la liberación de la pareja, está convencido de que los hombres son víctimas de la represión de la sociedad de Malawi. Según Tatchell, “es trágico que las amenazas homófobas obligaran a la pareja a separarse. Estaban muy enamorados, pero la presión pudo con Steven”.
Realmente, es una tragedia que todavía existan países en los que ser homosexual aún es un problema. Pero por fortuna, son cada día menos, para alegría de los que apuestan por la igualdad de todos los ciudadanos, y desgracia de homófobos e intolerantes.
Vía I El Mundo






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